“SI ESTO SIGUE ASÍ, PARA EL 4 DE ABRIL SE HABRÁN SATURADO LOS CTI”, AVISA JULIO PONTET

El titular de la Sociedad Uruguaya de Medicina Intensiva (SUMI) alerta de que el sistema está a un tris de colapsar en cuidados intensivos.

Por César Bianchi

Fotos: Juan Manuel López

El esforzado lateral derecho de Villa Manuela, en la siempre complicada cancha de Barros Blancos, seguro no se imaginaba que de adulto iba a estar tan alejado de la pelota y del club de barrio que su padre presidió, y tan cerca de la muerte. De ser el médico intensivista cuya tarea es clave para que un paciente sobreviva o muera. Julio Pontet Ubal (49) está en la primera línea del combate al Covid-19, al frente del CTI del Hospital Pasteur (ASSE) y preside la SUMI, la Sociedad Uruguaya de Medicina Intensiva.

Su CV dice que tiene un posgrado en Medicina Intensiva, Administración y Gestión en Salud, un diplomado en Ecografía Abdominal y otro en Habilidades de Dirección. Tiene un PhD doctorado en Investigación y Docencia (Universidad de México), y hace 26 años que es docente universitario.

Pontet está preocupado. En la primera charla que tuvimos, el lunes 22, me dijo que el índice de camas de CTI ocupadas por Covid era de 22%. Ayer miércoles, cuando volvimos a conversar para actualizar la charla a la luz de los anuncios del presidente de la República, aclaró que ese porcentaje había trepado a 28,4%. «Es terrible», acotó. Para que usted entienda: hay un 65,3% de camas ocupadas en CTI, de las cuales 28% (dos de cinco pacientes) están ocupadas por pacientes con coronavirus. Y según las gráficas que la SUMI maneja, siguiendo parámetros internacionales, llegar a un 35% de ocupación de camas de CTI por pacientes con Covid sería, literalmente, la saturación del sistema.

Si las nuevas medidas que anunció el gobierno hace dos días no redundan en un aplanamiento de la curva de contagios, o al menos, su desaceleración, la mentada saturación de los CTI se dará el 4 de abril, calcula. Pontet no se anima a calificar las medidas gubernamentales como suficientes o insuficientes porque, dice, le faltan variables para sopesar. La realidad juzgará al gobierno de acá a 10 o 15 días, apunta. De momento, él sigue lidiando con fallecimientos por Covid que contamos por decenas diariamente, algo que parece nos tuviera anestesiados.

Su último mensaje por Whatsapp, en la noche del miércoles 24 de marzo fue: «Nadie debería morir por un virus en el 2021. Es un símbolo de deterioro social. La peste negra fue en la Edad Media. Ahora no debería ser así».

-¿Siempre quisiste ser médico o tenías otra vocación inicial?

-Llegué a hacer un test vocacional y me daba que podía ser ingeniero o médico, y me daba más puntaje en ingeniería. Algo de razón tenía, porque después estudié, y tengo una diplomatura en Bioestadística, hice varios cursos de estadísticas (donde hay una carga importante de números y matemática, dentro del ambiente médico).

-Como el doctor Javier Sciuto…

-Bueno, sí… Trato de darle un uso serio y respetuoso al conocimiento.

-¿Por qué elegiste la especialidad de intensivista, de trabajar en CTI?

-Cuando yo era estudiante empecé como ayudante de clase (lo que sería el grado 1, en la Udelar) en Fisiología. Hacíamos experimentación animal en clase, y uno de mis mentores era fisiopatólogo e intensivista. Estoy hablando del Dr. Juan Carlos Grignola, uno de los intensivistas de este país, reconocido a nivel internacional. Yo trabajaba con él, hacía fisiología animal, y me empezó a picar el bichito por el lado de la fisiopatología, del monitoreo, del contenido muy fuerte de la especialidad. En la Udelar estuve 16 años en la cátedra de Fisiología, y 14 en Medicina Intensiva, donde fui profesor adjunto. Ahora doy clases en otras universidades (en el Claeh, en la Universidad de Córdoba, a donde he trabajado por zoom y ahora empezaré en la UM).

-Trabajaste en la Asociación Española, hoy sos jefe del CTI del Hospital Pasteur. ¿Cómo es el día a día de lidiar con los internados en cuidados intensivos en el Pasteur?

-La mayoría de los CTI hoy en Uruguay están divididos físicamente: uno, con camas que aceptan pacientes con Covid, y otros con pacientes polivalentes, o sea, patologías no Covid. Eso es porque necesitás una separación física por razones de seguridad. No podés acostar un paciente con Covid al lado de uno que sabés que no tiene Covid, porque puede haber transmisiones. Por ejemplo, en el Pasteur tenemos 11 camas para pacientes Covid, y 18 para pacientes no Covid.

Es una tarea que me gusta, me apasiona, pero es estresante porque se superponen actividades. Tengo que conjuntar actividades de la gestión, de ver los recursos técnicos que faltan, los recursos humanos que faltan y a su vez, tomar decisiones con pacientes complejos. Y se me superponen por la SUMI, porque estoy hablando con un familiar, y me están llamando de la gerencia de ASSE o del MSP. Y sumale que tener un paciente internado con 20 y pico de años por Covid, como ser humano, es inevitable que te mueva el piso…

-¿Cuán saturados están los CTI y las salas de cuidado intermedio?

-Primero una aclaración: nosotros aunamos salas de CTI y cuidados intermedios como uno solo en el grupo área de cuidados críticos. Es una cuenta única, porque es el mismo personal, los mismos recursos humanos que asisten a unas y otras. Hoy estamos en el peor momento de toda la pandemia, hablando de CTI. Eso no es descolgado de la realidad del país fuera de los CTI, porque estamos en el mayor número de casos activos de toda pandemia también.

-Ilustrame con números, con cifras, este escenario tan complicado en las unidades de cuidados intensivos del país.

-Hay algunos parámetros objetivos. Tratamos de manejarnos seriamente y objetivamente, por eso nos apoyamos mucho en los números. Acá hay dos parámetros grandes que se consideran. Por un lado, tenemos la cantidad de pacientes con Covid, que están en CTI, y por tanto sacamos el porcentaje de camas ocupadas por Covid en CTI. Ya está previsto hace tiempo, incluso en el GACH, aunque también son valores internacionales, que se llega a un nivel de saturación al llegar a un 35% o más de camas ocupadas por Covid. Eso habla de un nivel en rojo en cuanto a saturación del total de camas.

Y por otro lado está lo que se maneja más: el porcentaje de ocupación total de camas de CTI por cualquier patología, incluyendo el Covid. Ahí andamos en un valor de 65%. El martes 23 teníamos 504 pacientes totales internados en 795 camas. El 20 de marzo teníamos 524 pacientes en total, internados en CTI. Había 20 más que el martes. Sin embargo, pasamos de 174 pacientes Covid el 20 de marzo, a 202 el martes, y 225 ayer miércoles 24. El Covid está empezando a ganarse un lugar en el sistema.

La preocupación mayor nuestra es que estamos viendo, a partir del análisis diario de los datos, que hay un cambio en la curva de crecimiento, una aceleración particularmente desde el 9 y 10 de marzo para acá. Dicho de otro modo: las últimas dos semanas.

«El 20 de marzo teníamos 524 pacientes en total, internados en CTI. Había 20 más que el martes. Sin embargo, pasamos de 174 pacientes Covid el 20 de marzo, a 202 el martes, y 225 ayer miércoles 24. El Covid está empezando a ganarse un lugar en el sistema»

-Veía unas gráficas que tú compartiste en redes sociales. Ha habido un crecimiento exponencial de camas ocupadas en CTI en las últimas dos semanas, como dijiste. Allí se decía que al 21 de marzo había un 22% de camas de CTI era por pacientes Covid, y si la tendencia continuaba incambiada, se pronosticaba que para el 4 de abril -ahora nomás- se llegue al temido 35% que indicaría saturación. ¿Es así?

-Es así, tal cual. Si mirás esos puntitos de la gráfica, los que son puntos reales (números que están disponibles para cualquiera que quiera verificar) dibujan una línea recta casi perfecta, es una correlación lineal, un modelo matemático predictivo lineal, pasa a ser confiable con ese comportamiento para ver la próxima semana y la semana siguiente qué es lo que va a ocurrir, de mantenerse este nivel de positivos que se va dando día a día [NdeR: el día que tuvimos la primera charla para esta entrevista, el lunes 22 de marzo, se consignaron 2.700 casos nuevos, y se contaron 19 muertes]. Si baja el nivel de positivos -y ojalá que eso pase-, la curva se podrá ir aplanando. Pero de mantener el ritmo, eso es lo que va a ocurrir: el 4 de abril llegaremos al 35% de camas de CTI ocupadas por pacientes con Covid.

-¿Qué significa llegar a ese 35%? ¿Qué significa «estar en rojo»?

-Ese número se toma a partir de experiencia en otros países. Nosotros todavía no hemos tenido esa trágica experiencia. Pero cuando uno tiene, como pasó en Madrid que tenían un 50 y 52% de pacientes Covid en un CTI (pasaron largamente el 35%), hay problemas de todo tipo… Uno, el agotamiento de recursos, incluso de recursos materiales, porque hay que usar todo el tiempo protección personal con estos pacientes. También el agotamiento y la energía del tiempo del personal, porque son pacientes que generan mucho más trabajo, son más inestables, hay que monitorizarlos permanentemente. Y la capacidad locativa limitada que va quedando para pacientes no Covid, porque no los podés mezclar.

Podemos hacer un desplazamiento del espacio físico en pro del paciente Covid, y lo que estás haciendo es achicando el CTI para todas las enfermedades no Covid.

-El presidente Lacalle Pou anunció el martes que dotará de más camas para CTI. Habló de 219 camas más…

-El tema es que subir más de 100 camas de CTI en Uruguay en pocos días no es fácil. Es una realidad, lo diga quien lo diga. Ojalá lo cumpla, ojalá lo tenga todo planificado. Me llamó poderosamente la atención que el presidente dio un número exacto: 129. Por lo tanto, es obvio que tiene un plan trazado, ¿no? No dijo «100 y pico» o «más de 100». Si dio un número exacto es porque ya tiene un plan realizado, y nosotros no lo sabemos. Es la única conclusión que puedo sacar, cuando dice 129 camas, con esa precisión. La mayoría de esas camas van al sistema privado, por eso le podemos creer, por lo cuantitativo. ASSE no puede subir en unos días más de 100 camas, por el tamaño del sistema. Por eso veo que cuando el presidente habló de 129 camas, habló de todos los CTI del Uruguay. Poner más de 100 camas solo en ASSE, en el sistema público, en unos días, sería imposible.

-Ese 35%, que está ahí nomás, y de seguir la tendencia actual se daría en una semana o 10 días, significaría la saturación del sistema…

-Exacto. Se generan problemas de funcionamiento interno de CTI, porque no hay que olvidar que en condiciones de una circulación comunitaria alta, igual siguen habiendo otras enfermedades, que no son Covid-19: enfermedades cardiovasculares, cerebrales, politraumatizados por accidentes de tránsito, todas las patologías de siempre de CTI siguen existiendo y los tenemos que atender. Esto indudablemente viene a ocupar un lugar dentro de una caja que es difícil de expandir, pero el Covid va ocupando su lugar propio, cada vez más grande.

«La saturación (35% de pacientes Covid) implica el agotamiento de recursos humanos y materiales, porque hay que usar todo el tiempo protección personal con estos pacientes. Son pacientes que generan mucho más trabajo, son más inestables, hay que monitorizarlos permanentemente»

-¿Y qué tendría que pasar, qué tendríamos que hacer, para revertir esto? Pienso en cada uno en su rol: el gobierno, la comunidad científica, la sociedad, los empresarios, los trabajadores… ¿Qué deberes debemos hacer para revertir este panorama tan sombrío?

-Cada en su rol, como dijiste. El concepto madre acá es: tiene que bajar la transmisión comunitaria del virus, porque el virus se transmite de persona a persona. La vía final común es que una persona contagie a otra. Y eso va a tener distintas formas, distintos escenarios, pero termina siendo eso. Entonces, todos los mecanismos que disminuyan la transmisión comunitaria del virus, en todos los niveles de la sociedad son, no solo bienvenidos, sino necesarios. Y necesarios urgentemente porque los beneficios que se vean hoy o mañana de cambios, se van a ver reflejados en el CTI 8 o 10 días después.

-Lo que hagamos hoy se va a ver en CTI de acá a 10 días, entonces…

-Sí, por la biología del virus. Te doy un ejemplo concreto: cualquiera de nosotros hoy empieza con un resfrío, un poquito de fiebre o lo que sea, que motive hacerse un hisopado, y un poco más del 1% de esos positivos detectados hoy van a terminar en una o dos semanas necesitando CTI por el deterioro de la enfermedad. En la mayoría de los casos no es inmediato. Casi nunca en los primeros cuatro días. Por eso es que nosotros avisamos y prendemos luces de alerta: porque si ayer tuvimos el máximo pico de casos activos sabemos que el panorama para las próximas semanas va a ser peor al de hoy. Y en dos días peor que mañana, y así sucesivamente. Y vamos a seguir en una curva ascendente, por lo menos, 8 o 10 días más. Si no hay cambios.

-Aunque parezca de Perogrullo: ¿qué tiene que hacer cada uno para colaborar a mejorar este escenario, cada uno desde su lugar en la sociedad?

-Hay algunas cosas que han sido dichas hasta el cansancio, pero de repente uno va viendo en la gente que hay una fatiga, a la hora de cumplir los deberes. Y nos hemos relajado… Es parte de la condición humana y es normal que haya una fatiga en el cumplimiento de los cuidados que hay que tener. También trabaja en el trabajo médico, cuando se hace un protocolo. Si uno no lo actualiza e insiste en hacer determinadas actuaciones, la gente empieza a dispersarse y empieza a disminuir la conducta homogénea del protocolo. Es decir, se deja de cumplir el protocolo. Eso pasa a todos los niveles, y ha pasado acá.

Después hay cosas que, si uno lo cumple, el ambiente lo puede condicionar. Y ahí entra en la responsabilidad de organizadores, de directores de empresas, de directores de gimnasios, de directores de shoppings, del gobierno por supuesto, de directores de la salud. Tienen la responsabilidad de marcar los límites que puedan tener las personas para disminuir la transmisión viral.

-¿Cuántas camas tiene hoy en el sistema para pacientes Covid? ¿Cuántos respiradores tiene? ¿Cuántas camas ociosas quedan? ¿Cuántas en Montevideo y cuántas en el interior?

-Hoy hay unas 800 camas en todo el país, funcionando al día de hoy. Es cierto que algunas instituciones, si les resulta imprescindible pueden ampliarse un poco, entonces podría haber un buffer de 150 camas más. Por ahora, estamos con las 800 camas activas al día de hoy. Tenemos una ocupación total de dos tercios de esas camas. Hoy un 28,4% del total de camas son ocupadas por pacientes Covid, para una ocupación total de 65%. Dicho de otro modo: dos de cada cinco pacientes internados hoy en día en CTI son Covid -40% de los pacientes internados-, y tres son de otra patología. O sea, cada cinco pacientes internados en CTI, dos son Covid. Fíjate que estamos hablando de una enfermedad que antes no existía, y hoy un tercio del universo de pacientes en CTI está ocupado por una enfermedad que hace un año y poco no existía para nosotros. Y las otras enfermedades siguen estando.

En relación a Montevideo e interior, la semana pasada fue un dato histórico que fue la primera vez en la historia de la medicina intensiva uruguaya que las camas del interior están más ocupadas que las de Montevideo. Eso nunca había ocurrido. Los CTI del interior, promedialmente hablando, son CTI más pequeños. En Montevideo hay CTI más grandes y que incluyen técnicas avanzadas como trasplantes o cirugías complejas, entonces históricamente los CTI del área metropolitana tenían más ocupación y uso que los del interior. Eso se invirtió.

«No hay que olvidar que en condiciones de una circulación comunitaria alta, igual siguen habiendo otras enfermedades: enfermedades cardiovasculares, cerebrales, politraumatizados por accidentes, a esos también los tenemos que atender»

-El Grupo Uruguayo Interdisciplinario de Análisis de Datos (GUIAD) de Covid-19 publicó un comunicado el lunes donde se remitía a las recomendaciones del GACH y reclamaba medidas drásticas del gobierno para reducir la movilidad. ¿Compartía esta necesidad, previa a los anuncios del gobierno el martes 23?

-Compartimos porque la realidad nos está golpeando en la cara. La SUMI (Sociedad Uruguaya de Medicina Intensiva) ha tenido un rol colaborativo y proactivo, pero al mostrar los números que tenemos no podemos tapar el sol con la mano. Tenemos que dar una alarma y tenemos que cambiar esta situación, por lo que decíamos previamente. Estos cambios no podían pasar de esta semana. Las perillas no tienen por qué ajustarse igual en todas las partes del país, porque la realidad se ha regionalizado.

-¿Cómo evaluás las medidas anunciadas por el gobierno en la noche del martes 23 para reducir la movilidad?

-El gobierno toma decisiones con mucho más variables que las que podemos tener nosotros a la vista. Cuando se toma una decisión con 13 o 14 variables, y nosotros estamos tomando en cuenta tres o cuatro, no estamos viendo todo el universo global. La evaluación son los hechos después: si los resultados fueron buenos, las medidas fueron buenas. El mejor juez para esto es la realidad. No son las intenciones.

Ojo que hay consecuencias indirectas por el Covid, también en la salud, porque hay otras enfermedades. Pienso en el impacto en otras enfermedades: patologías neuropsiquiátricas, depresión, gente que pierde el relacionamiento social cuando queda encerrada, la tasa de suicidios… El gobierno tiene que evaluar un montón de otras variables que están fuera de la salud.

Se anunciaron medidas significativas, pero la pregunta del millón es si son suficientes o no. Eso lo contestarán los números dentro de dos semanas. No mañana. Mañana va a ser peor.

-El infectólogo Julio Medina dijo que faltó restringir más el ocio nocturno, es decir, bares, restoranes, cafés y clubes sociales.

-Es que ahí entran otras variables y yo no estoy formado para evaluarlas. No soy economista, no soy sociólogo, entonces desde mi mirada, yo diría que un boliche nocturno o se puede cerrar, o se puede cerrar a las 21 o 22 horas. El dueño del restorán dirá que ahí no se han producido contagios y lo mato comercialmente, entonces yo no estoy capacitado para decir que cierren a las 21 horas, porque me faltan elementos de juicio. El dueño del restorán dirá que él está cuidando la distancia entre las personas, que respeta el aforo, que está protocolizado y su restorán no será un foco de infección. A mí me cuesta negárselo… Conjugar todo eso me supera.

«Estamos con 800 camas activas al día de hoy. Tenemos una ocupación total de dos tercios de esas camas. Hoy un 28,4% del total de camas son ocupadas por pacientes Covid,para una ocupación total de 65%. Dos de cada cinco pacientes internados hoy en día en CTI son Covid»

-Este panorama complicado que describíamos, ¿puede llegar a cambiar a medida que avance el proceso de vacunación y más uruguayos estén inoculados?

-La idea es que sí. ¿Cuál es el detalle? Que esta curva, que camino a la saturación como decíamos al principio, a la vacuna no le da el tiempo para detenerla. Vamos a demorar algunos meses en lograr una inmunidad colectiva y estamos hablando que el problema lo tenemos en dos o tres semanas. Bueno, en realidad el problema ya lo estamos teniendo, por horas algunos CTI ya se han visto saturados y se han descomprimido, pero esos foquitos de saturación transitoria son el aviso de que esto puede pasar en breve.

-¿Estamos naturalizando los números de ingresos al CTI y los números de muertos diarios? ¿Nos están insensibilizando?

-Puede ser. Siempre la condición humana ha tendido a minimizar lo que no le pasa a uno, o no le pasa a nuestra familia. ¿Qué pasa con nosotros, los intensivistas? Que nosotros vemos morir a la gente. Le pongo un ejemplo concreto: yo estuve trabajando en un CTI la semana pasada, y en el correr de un día se nos murieron cuatro pacientes, con Covid y por Covid. Uno tenía 50 y pocos años. Todos los seres humanos son valiosos, pero uno tiende a ver como más lógico si la persona tenía 98 años, le vino una enfermedad y falleció. Entra en el pensamiento colectivo que es parte de ciclo vital, digamos. Pero cuando ve morir de Covid gente de 50 y pocos años, es imposible no sensibilizarse con esa situación. Todavía me parece increíble que haya gente que niegue todo esto.

-Se dio el caso de una maestra en Artigas de 24 años, que tenía comorbilidades y murió por Covid, o el caso de un muchacho en Melo de 27 años que se negaba a recibir asistencia médica, o el caso del alcalde del municipio CH, Andrés Abt, con 47 años.

-En la medida que va aumentando el número de fallecidos porque va aumentando el número de pacientes graves, también aumenta el número de anécdotas. La anécdota puede servir como un ejemplo demostrativo.

-Tú estás en la primera línea del combate al Covid-19, y tratando pacientes que la están peleando en el CTI, ¿cómo tomás los movimientos antivacunas y negacionistas? Pienso también en Gustavo Salle y su acto antivacunas en el mismo sitio donde se homenajeó en forma póstuma a Abt… ¿Cuál es tu reacción?

-Por momentos me deja una molestia, por momentos indignación. Esas no son manifestaciones de libertad, son manifestaciones de falta de empatía con otra gente que se va a enfermar y se puede morir.

-¿Cuántas horas trabajás por día hoy por hoy?

-Diez o 12 horas por día. No menos de diez.

-¿Qué hacés para desenchufarte cuando salís de trabajar?

-Cuando podía iba a un gimnasio, hacía un poco de boxeo, musculación. Ahora se complica un poco. Pero bueno, trato de hacer actividad física, tengo algunas pesas en mi casa. Me gusta la música también… En una época le metí bastante al teclado y a algún coro. Trato de escaparme lo más posible para estar con mi familia, sobre todo ahora que soy padre de una bebé…

«Se anunciaron medidas significativas, pero la pregunta del millón es si son suficientes o no. Eso lo contestarán los números dentro de dos semanas. No mañana. Mañana va a ser peor. El gobierno toma decisiones con muchas más variables que las que podemos tener nosotros»

-Decías que ustedes, los intensivistas, están en contacto directo con la muerte. ¿Qué hay de cierto en eso de que el médico, y sobre todo en CTI, se siente Dios?

-Hay mucho de mito con eso. Creo que igual hemos ido mejorando mucho, porque quizás eso era una verdad a medias hace 20 años. Ahora no es una verdad. Hemos madurado mucho en las relaciones interpersonales, en las relaciones con la familia. El CTI era una estructura cerrada, llena de alta tecnología, y el médico a veces podía confundirse por eso. Incluso en la relación con otros colegas, médicos de otras especialidades. Creo que avanzamos mucho en eso.

Hace 20 años decían que los de CTI éramos «los del Olimpo», que teníamos una tecnología avanzada que en otras partes de la salud no había, y estábamos decidiendo sobre la gente. Se permitía entrar a un familiar cuando «yo dijera», digamos. En el SUMI tenemos una comisión que se llama HUCI, con H, que significa Humanización de las UCI (unidades de cuidados intensivos). Es un grupo de gente que busca hacer partícipe a la familia en el cuidado del paciente, algo que el inicio de la medicina intensiva era algo exactamente al revés. Al paciente que ingresaba al CTI se lo aislaba y se le dejaba pasar a un familiar unos minutitos, y se lo sacaba de ahí. Esa cultura la vamos cambiando de a poco.

También es cierto que esa cultura de humanización recibió un garrotazo con la pandemia. Por razones de seguridad ahora no puede entrar un familiar libremente a ver al paciente que tiene Covid. Es un tema de seguridad.

-¿Sos feliz?

-Sí, soy feliz sí. Soy un apasionado de mi trabajo, por eso a veces me enojo, a veces trabajo demasiado. Me encanta venir al hospital (Pasteur), me siento en mi casa acá. Hice toda mi carrera acá, desde que empecé la especialidad hasta hace un año que soy el jefe de CTI, más allá de los cargos docentes. Acá hay una unidad docente; de hecho, somos la unidad que tiene más médicos residentes y posgrados del país en CTI, específicamente. Tenemos 12 posgrados, residentes e internos, que son estudiantes de último año. Y tengo tres hijos: Julio, que es psicólogo, de 25; Federico, estudiante de ingeniería, de 20, y una beba de 19 meses, Geraldine, que es mi sol. Cuando no estoy trabajando, quiero estar con ella y con mi familia.

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