MONTEVIDEO- EL RELATO DE MARÍA, UNA MUJER DESALOJADA DE SU CASA A PUNTA DE PISTOLA POR DELINCUENTES

Contó que le pusieron una escopeta en el pecho a su hija de 12 años y que no tuvo respuesta policial pese a detener a un patrullero en la misma noche.

En el 2018 se registró una misma modalidad delictiva en varios barrios de Montevideo: grupos criminales desalojaban a familias de sus casas y ocupaban la vivienda, que revendían o usaban para sus actividades.

Si bien este delito no era nuevo, ese año hubo tal cantidad de casos que obligó a intensos operativos policiales y motivó la actuación del departamento de Convivencia y Seguridad Ciudadana del Ministerio del Interior. Hubo decenas de formalizaciones y las viviendas se recuperaron.

Estos casos ocurrieron por ejemplo en Casavalle (donde actuaba el grupo Los Chingas), el complejo Quevedo de Maroñas y el complejo Talca en Las Piedras.

En los últimos meses esta modalidad delictiva volvió a resurgir, según reportó Informativo Sarandí, en barrios como Cuarenta Semanas, 19 de Abril, Los Bulevares, Cerro y Lavalleja. Incluso se reportó el caso de un expolicía desalojado a punta de pistola de su casa, algo que según el Jefe de Policía Erode Ruiz no está comprobado.

«En ningún momento se dio el caso de que quisieron echar a alguien de una casa para otro hacerse de la propiedad», manifestó anoche Ruiz a la prensa.

Informativo Sarandí habló directamente esta mañana con una de las víctimas, identificada como María, que relató cómo se dio el desalojo de su familia por parte de delincuentes.

María vivía en Flor de Maroñas. «Nos coparon la casa a las dos de la mañana punta de escopeta y pistola. Nos llevaron todo y nos dejaron en la calle. Estaba con mi marido y mis dos hijas», contó a los conductores de Informativo Sarandí.

Narró que le pusieron una escopeta en el pecho a la hija de 12 años y le pegaron en la cabeza a ella y a su esposo, ya que querían plata además de obligarlos a dejar la casa.

Contó que los delincuentes eran cinco personas jóvenes del barrio, a quienes identifican perfectamente. Aseguró que nunca habían tenido problemas con ellos (el jefe de Policía se había referido a «problemas vecinales») hasta que se produjo el copamiento de la casa.

«Nunca tuvimos un cruce de palabras. Mi marido es un hombre trabajador, yo llevaba a mis hijos a la escuela y jamás tuvimos problemas», contó.

Les dieron todo lo que tenían porque estaban «sacados», dijo. Al comienzo no los desalojaron sino que se llevaron sus bienes. La familia se quedó llorando en la escalera, pero poco después los delincuentes volvieron y tiraron la puerta abajo, exigiendo que les dieran las llaves del auto.

En ese momento pasó un patrullero y los delincuentes salieron corriendo. El marido de María detuvo al móvil policial y le explicó la situación. Según el testimonio, el policía le dijo que no podían seguir a los ladrones a esa hora de la madrugada. La mujer contó que hizo la denuncia formal en la seccional de Flor de Maroñas por la actuación de este funcionario policial.

El efectivo les dijo únicamente que sacaran de la casa lo que pudieran que él los iba a esperar afuera a modo de garantía (ya que no querían quedarse en la vivienda, tras lo ocurrido). Sin embargo, al salir con las cosas el policía ya no estaba.

Contó también que cuando hizo la denuncia figuraba reportado que el patrullero había pasado por su casa a las tres de la tarde y no había nadie.

María fue luego hasta su casa (acompañada de sus hermanos) y se llevó las pocas cosas que los delincuentes dejaron, como los dos colchones de sus hijas. Una vecina le dijo que ya se habían llevado lo último (como las bicicletas) poco antes. En la vivienda no quedaba nada y la puerta estaba partida.

Cuando hizo la denuncia en la Policía y luego ante la Fiscalía, le dijeron que tenía que hacer un careo con los delincuentes y reconocerlos, a lo que la mujer se negó por motivos de seguridad.

Luego supo, a través de Fiscalía, que había quedado gente durmiendo en la casa, pero se habían llevado todo, incluyendo las cerámicas y los cables.

María explicó que la casa les había sido entregada como parte de un plan de realojo de viviendas. Ahora ella y su familia viven en la casa de su madre. «Mi hija no quiere volver nunca más a Montevideo», contó. La niña fue tratada por un psicólogo cuyos servicios consiguieron a través de la educación pública.

Aseguró que lo que les pasó a ellos le ocurrió a cinco familias más desde finales de abril. Contó que en todos los casos son gente trabajadora, sin problemas vecinales. Según María, todos los desalojos fueron cometidos por los mismos delincuentes, que «están vandalizando el barrio, es tierra de nadie». Señaló que se encontró en Fiscalía con otras familias que habían denunciado lo mismo en su barrio.

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