CEPAS DE LEISHMANIASIS QUE CIRCULAN EN URUGUAY SON MÁS VIRULENTAS QUE EN PAÍSES LIMÍTROFES

Paula Faral, bióloga del Institut Pasteur, explicó  que las cepas en nuestro país “son más resistentes que en la región”.

Por Santiago Magni

La leishmaniasis ingresó a Uruguay en 2015 en el departamento de Salto y los científicos del Instituto Paesteur junto con el Instituto de Higiene y la Facultad de Veterinaria estudiaron varios perros afectados por este parásito, para saber las características específicas. En 2010 se había detectado por primera vez la presencia del vector que transmite esta enfermedad.

Paula Faral es integrante del Laboratorio de Interacciones Hospedero Patógeno de la Unidad de Biología Molecular del Institut Pasteur y autora de un artículo recientemente publicado en la revista de la Royal Society of Chemistr sobre esta enfermedad, explicó a Montevideo Portal de qué trata el trabajo que llevan a cabo en su laboratorio y los hallazgos que encontraron.

«A partir del brote de 2015 de leishmaniasis visceral canina que surgió en Salto es que pudimos acceder a muestras de aspirado de ganglio de los primeros caninos infectados, incluso de los casos índice», explicó Faral.

«Esto fue bueno porque pudimos obtener cargas parasitarias altas, o sea, perros con mucha leishmania que es necesaria para poder después aislar. Aislar quiere decir traer al laboratorio y poder contar con esos parásitos de esa primera infección uruguaya para poder caracterizarlo, saber de qué se trata, de dónde vienen y explorarlos un poquito más», agregó.

La bióloga sostuvo que a raíz de eso caracterizaron «el brote en términos de la virulencia». «También colaboramos con el trabajo de identificación molecular, que era identificar qué leishmania era», explicó.

«Suponíamos por el contexto regional que iba a ser leishmania infantum, que es la única que se asocia a leishmaniasis canina, pero igual había que confirmarlo a nivel de la especie», añadió.

A raíz de esos trabajos del brote de 2015 empezaron «a generar experiencia en el trabajo de leishmania» e hicieron «una segunda etapa de trabajo que fue publicado hace un mes».

«Se trata de la caracterización en dos aspectos de los parásitos uruguayos para decirlo de alguna manera, por un lado su susceptibilidad frente a diferentes fármacos y por otro lado, cuán infectivos son», comentó Faral.

«En aquel momento los veterinarios y expertos parasitólogos sostuvieron que las características del brote de Salgo eran de mucha virulencia. A veces la leishmaniasis visceral canina es con menos síntomas y menos carga parasitaria», agregó.

Las claves de su investigación

Dentro de los principales hallazgos encontraron que efectivamente estas cepas «tienen una mayor infectividad, comparadas con otras cepas de la región».

Faral dijo a Montevideo Portal que «comparadas con unas cepas brasileras que también testeamos nosotros son más infectivas». «También tienen una susceptibilidad diferencial particularmente con uno de los fármacos más utilizados para la leishmaniasis visceral humana», explicó la bióloga del Institut Pasteur.

«La característica de esta enfermedad, la leishmaniasis visceral, es que cuando primero entra a un país entra la forma canina. Los perros se infectan mucho y empieza a diseminarse la enfermedad. A los pocos años empiezan a aparecer los casos humanos, eso fue lo que pasó en nuestro país. En 2018 tuvimos el primer caso humano de leishmaniasis visceral en humanos», comentó Faral.

La primera droga para el tratamiento de la leishmaniasis visceral humana es la Anfotericina B, fármaco al cual veían una resistencia diferencial «de esta leishmania con la leishmania brasilera».

«Tenemos en el país las capacidades de identificación de leishmania, sabemos cuál es el nombre y apellido de la leishmania que está causando la enfermedad, porque a veces pasa que vienen casos importados. A raíz de este trabajo generamos la capacidad de poder identificar a la leishmania causante y de poder caracterizar su perfil de resistencia y monitorearlo», agregó.

La investigadora advirtió que «puede pasar que con el correr del tiempo si hay un mal uso de los fármacos esta resistencia aumente y está bueno tener la capacidad nacional de poder observar eso».

«Nosotros tenemos un modelo, que trabajamos en el laboratorio, de macrófagos humanos y lo que hacemos es infectarlos con estas leishmanias. Contamos cuántas células se infectan y cuántas se replican dentro de esos macrófagos, explicó Faral.

«Lo que hicimos fue decir cuánto infectan las leishmanias uruguayas contando cuántos macrófagos teníamos infectados contra otras cepas no uruguayas y cuánto infectaban estas», añadió.

Lo que vieron es que las cepas uruguayas eran más infectivas. «También tenían mayor capacidad de replicar dentro de los macrófagos, entonces tienen un ciclo infectivo más rápido, por lo que puede ser algún indicio de la alta virulencia que veíamos», dijo Faral.

«Esto se explica también porque teníamos una población canina que no conoce la enfermedad porque no la teníamos en Uruguay. Eso puede causar también la característica virulenta de la enfermedad», aseguró la bióloga.

¿Cómo está la situación actualmente? ¿Qué se puede hacer?

«Ahora la enfermedad también está en Bella Unión (Artigas) ahí lo que vemos es que es un poco menos virulenta», explicó Paula Faral. «Eso puede explicar que quizás con el tiempo tengamos perfiles de menor virulencia, pero se está por explorar aún no lo sabemos», aclaró.

Lo que se han detectado son casos importados, de perros que son comprados en el exterior, en Brasil. Los casos más al sur del país han sido importados, no autóctonos.

«El Ministerio de Salud Pública está haciendo un relevamiento en los departamentos del norte del país, pero también trabaja en la identificación de flebótomos (insectos) que es el vector que utiliza este parásito para transmitirse», sostuvo la bióloga.

«En principio no tendríamos presencia de casos autóctonos en el sur, pero es cierto que el vector se está expandiendo hacia el sur de forma franca hace muchos años. Es esperable que siga bajando», agregó.

Faral recordó que «en 2010 se alertó que estaba todo dado para que si se introducía la leishmania al tener el vector podía establecerse un ciclo autóctono, que fue lo que después se confirmó en 2015».

Además, sostuvo que actualmente «la Comisión Nacional de Zoonosis del MSP desestimula en este momento el tratamiento canino para la enfermedad porque los fármacos caninos, o los que podrían funcionar en caninos, son los mismos que humanos».

«Eso lo que genera es un riesgo de resistencia, ya que si utilizás los fármacos de uso humano para los caninos podés producir cepas resistentes y te quedás sin fármacos para el tratamiento de los humanos», explicó.

La estrategia que el MSP utilizó y recomienda es «por un lado fortalecer los mecanismos de prevención y por otro la eutanasia de los caninos positivos». «Esta enfermedad tiene una particularidad, que es que su principal reservorio urbano es el perro, entonces cuando la enfermedad llega a las ciudades se instala en los perros», dijo Faral.

«Si vos controlás que no se instale en los perros con medidas preventivas, por ejemplo el uso de collares que prevengan la picadura del vector, evitas que se establezca en caninos y es mucho más difícil que pase a humanos porque no se instala en otro lado. Los caninos son ideales reservorios para este parásito, entonces es donde hay que enfocar las medidas preventivas, por eso es que la eutanasia es lo que por ahora ha ayudado a controlar», agregó.

Con los tratamientos está probado que los perros mejoran clínicamente, «lo cual es bueno, pero no está probado que eviten la transmisión», sostuvo la investigadora. «Por ahí un perro que clínicamente está curado, se lo ve bien y mejor, puede seguir transmitiendo y eso es un riesgo para la salud humana», señaló.

Por último, Faral aclaró que «el contagio directo de un perro a otro es menos probable, pero existe». «Se ha visto que se puede transmitir entre perros por transmisión sexual o en peleas de perros donde hay contacto de sangre, pero no es la transmisión más frecuentes», dijo la bióloga.

«En un lugar donde conviven las condiciones para que los flebótomos (mosquitas) se reproduzcan, y los perros están con una alta carga parasitaria, el ciclo está perfectamente establecido entre mosquitas y perros. Eso es lo más común», concluyó Faral.

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