¿DE DÓNDE SURGIÓ EL MITO DEL DIÓXIDO DE CLORO PARA EL CORONAVIRUS Y POR QUÉ ES PELIGROSO?

En 1999 Justing Kruger y David Dunning publicaron en el Journal of Personality and Social Psychology un artículo sobre lo que desde entonces se conoce como «Efecto Dunning-Kruger» (EDK en adelante).

Según el estudio, existe un sesgo cognitivo por el que las personas con escasa habilidad o conocimiento tienen un sentimiento (falso) de superioridad que las hace sentirse más competentes o inteligentes que otras más preparadas (las que tienen el sesgo inverso) y que se explica por una incapacidad de justipreciar su propia ineptitud.

Es común ver en las cantinas de los clubes a parroquianos acodados comentando cómo podrían jugar mejor que los profesionales, y no es que mientan, realmente se lo creen, pero nadie duda de que de ninguna botella de Espinillar salió un Messi o Cristiano Ronaldo.

Ahora, el EDK afecta también a personas – con alguna manía paranoide, quizás, habría que preguntarle a un psicólogo – en cuanto a la ciencia, y perfectos papanatas se ponen a denostar a los profesionales y científicos a voz en cuello por los temas más variados.

Obviamente, la diferencia es la moda, porque si alguien se pone a quejarse del «biologicismo» que se opone a sus lecturas lisérgicas de lo que Judith Butler nunca dijo, es un guerrillero social que tiene su tribuna en el progresismo identitario (1) o «woke», que tanto mal le ha hecho a la izquierda, pero si, en cambio, se pone a predicar el terraplanismo o la ideología antivacunas, no va a concitar muchas voces fuera de su burbuja de cristal, pero, inexplicablemente, algunos rebuznos a coro se van a escuchar.

O sea, no importa cómo se desee impugnar a la ciencia académica, maldito sea Feyerabend, siempre se lo hace con la pontifical seguridad del EDK y con pseudociencia. Mucha pseudociencia.

El tema es que la que nos saca las papas del fuego cada vez que hay una pandemia (por ejemplo) es la ciencia, la tan denostada «biología» y sus parientas cercanas, y nadie se pondría con un megáfono a exigir perspectiva de género (2)  para combatir el SARS-COV2 (aunque sí alguna afónica voz se ha escuchado) pero sí se han multiplicado los llantos de los tomadores de lavandina. Veamos.

Por un lado existe, desde tiempos inmemoriales el sueño alquímico de desarrollar la panacea universal, el remedio único que pueda curar todas y cada una de las enfermedades. Esto viene incluso desde el mito de Asklepios, que usaba la sangre de la Medusa (llamada «pharmakon») para curar e, incluso, resucitar a los muertos. Por el otro existe la farmacología y sus subdisciplinas, que aspira a la «bala de plata», es decir, medicamentos tan específicos que ataquen solamente a las células invasoras o infecciosas y no afecten al resto.

Vemos que mientras el pensamiento mágico sueña con una navaja suiza, el científico trabaja para perfeccionar el bisturí.

No volveremos a citar lo que ya hicimos innumerables veces del daño que hacen las pseudoterapias; si alguien con todo el poderío económico de Steve Jobs murió por negarse a una terapia convencional (cuando estaba a tiempo) qué quedará para el común de los mortales que no tienen sus recursos a disposición.

El problema

Ahora bien, el día de ayer el M.S.P. emitió un comunicado alertando sobre el peligro de usar soluciones de clorito de sodio para diversas condiciones que iban desde el COVID-19 hasta el autismo (que no es una enfermedad, así que mal podría curarse con un supuesto antiséptico) pasando por el sida, la diabetes y seguramente los callos, el mal aliento y el mal de amores. No en vano el propio Jim Humble (protagonista de esta historia cuya participación detallamos líneas abajo) declara que también sirve para agrandar los senos… se ve que es tremendo machirulo también.

Lo anterior es un disparate mayúsculo que se basa en la fantasía de la panacea para convencer a personas desequilibradas que necesitan rebelarse contra la autoridad y como no les da la nafta (ni anímica ni intelectualmente) para revolucionar el mundo prefieren tomar lavandina. Verdaderos héroes de teclado y del EDK.

Los antecedentes

Hagamos un poco de historia: en 2006 un ingeniero (no médico ni biólogo ni químico) publicó que gracias al principio activo de unas pastillas potabilizadoras de agua (clorito de sodio) no se enfermó de malaria y se autopublicó un libro en el que promocionaba una cura milagrosa basada en lo que llamó suplemento mineral milagroso (MMS por sus siglas en inglés).

Las alegaciones sobre la persona de Jim Humble en Internet son tantas y tan increíbles, como que se declara un ser de mil millones de años de Andrómeda, o que se autoproclamó arzobispo de la «Genesis II Church of Health & Healing», un título que, no lo van a creer, compró a personas de dudosa calaña que vendían títulos religiosos (3). Para más teatralidad, suele aparecer con una piedra preciosa en la frente para beneficio sus feligreses «new age».

Sin embargo, si bien él fue el que echó la piedra a rodar, son otros dos los más peligrosos difusores del tema. Uno es Josep Pàmies, que en Cataluña fue multado (por pretender que este brebaje lo cura todo) por más de 700.000 euros (en tres instancias) y ahora, ante la promesa de que cura el COVID-19, sería sentenciado con cárcel, algo que aún no ha pasado. Estuvo en Uruguay el año pasado dando charlas sobre su versión del MMS.

El otro peligroso es un alemán llamado Andreas Ludwig Kalcker que, mediante su aspecto de galán ha embaucado con gran teatralidad y jerga pseudocientífica a una gran cantidad de personas.

Un tema de ciencia

El MMS es una solución al 28 % de clorito de sodio, que al ser «activada» (en términos científicos sería hidrolizada) por un ácido débil como limón o vinagre libera el gas dióxido de cloro, que es un potente oxidante.

Esta sustancia se usa en pastillas potabilizadoras de agua y el límite máximo permitido es una concentración máxima en agua potable de 0.8 miligramos de dióxido de cloro por litro de agua (mg/L) y 1.0 mg/L del ion clorito.

Comparemos cantidades: 280 gramos cada litro de agua contra 0,001 gramo por litro. Una cantidad peligrosa sin lugar a dudas.

Como todas las formas del cloro en agua salvo el cloruro son oxidantes, esta no es la excepción y lo hace altamente corrosivo. Eso lo hace irritante y, según afirma el MSP, podría causar «insuficiencia respiratoria aguda causada por la alteración del transporte del oxígeno; arritmias cardíacas; insuficiencia hepática aguda; anemia hemolítica por destrucción de los glóbulos rojos; cuadros digestivos severos con vómitos y diarrea que pueden llevar a la deshidratación».

Un abuso de pseudociencia

Según estos difusores del MMS (y su versión diluida, el CDS) existe una plataforma «científica» de cómo actúa, pero es un disparate que no se sostiene.

Resumiendo, afirman que opera sobre las células «ácidas» que para ellos son las cancerosas y microorganismos anaerobios (que para ellos son los únicos patógenos, olvidándose de varios que no lo son) y actúan por «remoción de los electrones de la pared» o por oxidación. O sea, lo mismo dicho dos veces…

Proclaman que las bacterias beneficiosas de la microbiota intestinal no se ven afectadas, lo mismo que las células sanas, pero esto es un disparate, y de ahí que pueda causar diarrea, porque toda la probiota es sensible a un oxidante fuerte (si es que no se destruye en el estómago, que es lo más probable).

Por otro lado, las células pulmonares pueden absorberlo y producir alteraciones en la capacidad de transporte de oxígeno (4) de la sangre por hemólisis.

Podríamos seguir hasta ocupar un libro con los peligros de esta pócima fraudulenta, pero terminaremos con un punto relevante: el propio Humble adujo que curó el 100% de los casos de un grupo en África que trató por VIH. Un disparate, porque nada nunca curó el 100% de ningún caso. Siempre hay un porcentaje que falla.

Aducir totalidades (sea en ausencia de peligro o exceso de efectividad) es el rasgo más distintivo de la pseudociencia y el fervor con que se lo defiende del Efecto Dunning Kruger.

Mantengámonos sanos y escuchemos a los que sí hacen ciencia.

QF Bernardo Borkenztain

(1) El progresismo identitario es igual de irracional, no en sus objetivos que son compartibles y nobles, sino en la negación del otro y en caer en el insulto y la argumentación ad hominem para fundamentar disparates tales como que el sexo (no el género) es socialmente construido. La acusación de «biologicismo» no se diferencia epistémicamente en nada del terraplanismo o el «antivac» en cuanto a su negación de los hechos científicamente aceptados, al no poder rebatir la realidad, atacan a la ciencia en su lugar.

(2) Una vez más aclararemos que estamos irrenunciablemente a favor de la agenda de derechos, pero quienes detentan las voces «woke» no suelen ser de los colectivos que deben ser protegidos sino políticos que cosifican a los mismos usándolos como medios para sus fines. Puede verse claramente en el hecho de la absurda campaña según la cual se deben proteger los derechos de todas las personas LGBT… menos los de Sergio Puglia. Algo miserable por donde se lo mire, porque aparentemente si sos homosexual, no podés votar fuera del FA. Republicanismo y democracia en acción.

(3) No sorprende saber tampoco que es un violento antivacunas y que perteneció a la Cientología de Ron L. Hubbard hasta que abrió su propio quiosco.

(4) Que depende de la capacidad del oxígeno del «gupo hem» de la hemoglobina para intercambiar O2/CO2.

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